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viernes, 10 de diciembre de 2010

Egon Wolff: "Cuando escribí Los Invasores existía una tremenda efervescencia, un afán de cambio"

Por Carlos Martínez.

De paso por la Usach, el dramaturgo recuerda las décadas en que el teatro dejó de ser entretención para transformarse en un potente vehículo de propagación de ideas y entrega un lapidario diagnóstico de nuestra sociedad.

A casi cinco décadas del estreno de “Los invasores”, el dramaturgo chileno Egon Wolf (84) echa una mirada a su intrincada carrera, que lo llevó desde la ingeniería química a las tablas, y analiza la vigencia de una de sus obras más emblemáticas, que vio la luz en 1963 bajo la dirección de Víctor Jara.

“Esta sociedad es una contradicción absoluta: nos invitan a ser generosos y morales en un modelo que tiende a la explotación y el abuso”, señala tajante el autor, de paso por la Usach, en esta entrevista donde recuerda sus inicios y la imposición paterna que lo obligó a cursar estudios universitarios formales. Sin embargo, la pasión por el teatro pudo más.

¿Cómo transcurrió su niñez, en una época donde la opinión de la familia era gravitante para decidir en qué desarrollarse profesionalmente?
Desde los ocho años escribía profusamente cuentos en alemán. Pero siempre con una actitud clandestina, porque mis padres no permitían este tipo de cosas. A mí me parecía absurdo. Esa inquietud estuvo latente, soterrada.

Mi adolescencia estuvo marcada por la Segunda Guerra Mundial. Chile rompió relaciones con Alemania y la empresa donde trabajaba mi padre fue requisada y  mi padre quedó cesante. En ese período yo ingresé a la Escuela Militar, porque mi padre provenía de una familia prusiana con una larga tradición militar. Por una cuestión familiar yo debía ser cadete e ingeniero. Pero al ingresar a la Escuela Militar yo me enfermé de soledad, de los pulmones y a final del primer año me enfermé de tuberculosis. No comía, estaba muy triste, no quería estar en ese lugar y me salí de la Escuela y estuve tres años con esta enfermedad que no sanaba. En ese periodo fue cuando cultivé, aún más, mi labor literaria: me dediqué a leer y escribir en alemán

Al inicio de la década del 50 usted se titula de ingeniero químico, ocho años después presenta la obra “Mansión de Lechuza” ¿Cómo fue este periodo en que se cuajó su trabajo como dramaturgo?
Eso ha sido uno de los enigmas de mi vida. Yo soy ingeniero químico por un acuerdo con mi padre o más bien una imposición. Entré a ingeniería química en la Católica, pero debo ser honesto, fui un químico a medias, porque no estaba mi alma puesto en eso. Pero me titulé y trabajé en un área pionera: el estudio de algas marinas chilenas. Llegó el matrimonio y eso profundizó la decisión de continuar con mi profesión,  pero siempre estaba la inquietud por escribir. 

A los 28 años volví a tener un episodio de tuberculosis lo que, terminó, obligándome a cambiarme a una ciudad con mejor clima: Quilpué. En esta ciudad conocí a Eugenio Guzmán Ovalle, el director de teatro quien actuó en la obra de Arthur Miller: “La muerte de un vendedor”. Ahí me enamoré del teatro. La fui a ver diez veces, me conseguí los textos y con una falta de modestia impresionante me dije: esto lo puedo hacer yo. Ahí me embarqué en el teatro

Esa experiencia de transformación al ver la obra de Arthur Miller  ¿qué provocó en usted?    
Para mí “La muerte de un vendedor” es la mejor obra del siglo XX. Es una denuncia soterrada, es una bomba a la sociedad estadounidense. Todo eso me provocó que me sintiera muy identificado con la obra y me diera el impulso de escribir.

El dramaturgo Rolando Jara señaló que usted, en particular, y la generación del 50 y del 60, en general, lograron una significativa transformación del lenguaje escénico ¿Cómo cree que esta aseveración se ve reflejada en su obra?
Hay que pensar que la generación del 50 y 60 nació bajo el influjo de la muy buena literatura realista comprometida de esa época, sobre todo la americana y la francesa. La primera en el área social y político y la segunda, en términos filosóficos.

Es ese periodo, se empezó a dar una estructura académica al teatro en sintonía con lo que estaba ocurriendo en Europa. Se dejó de hacer del teatro  improvisado, en ese momento en que yo comencé a escribir, en que toda esta generación se formó y que también fue la primera en entrar a la universidad a estudiar teatro. Todo esto ocurrió en el gobierno de Pedro Aguirre Cerda, donde se crearon varias escuelas artísticas. Hubo una efervescencia cultural con la sucesión de gobiernos radicales. Fue un cambio fundamental: el teatro dejó de ser una entretención de fin de semana y se transformó en un vehículo para la propagación de ideas, en una época de gran agitación social y política.

Es imposible no hablar de una de sus obras más conocidas: “Los invasores”. En esta obra existe una tensión entre pobreza-riqueza que no deja indiferente a nadie ¿Cómo surge esta idea para crear una obra con esta pugna?
En esa época, cuando escribí “los Invasores”, existía una tremenda efervescencia, un afán de cambio. Estaba en el aire esa idea de que se podía cambiar la sociedad. Como fui criado en un ambiente de burguesía, pude ser testigo de la sensación de pánico en el sector burgués.  Personalmente, aunque vivía en ese medio, tenía mi propio punto de vista. Soy un convencido que esta sociedad es una contradicción absoluta: nos invitan a ser generosos y morales en un modelo que tiende a la explotación y el abuso. Creo que los cambios que debe hacer la sociedad para no ser injusta tienen que ir acompañada de un cambio de los individuos.

Yo siento que somos muy imperfectos como seres humanos. Nacemos con un criterio muy imperfecto: la sociedad nos obliga a ser exitoso, estimula nuestras ambiciones personales y la codicia, nos llena de afanes y éxito personal y en el camino nos olvidamos de los demás y vamos dejando una serie de cadáveres en el camino. Chile es un terreno de explotación y los extranjeros vienen a enriquecerse a este país, eso me molestó siempre porque lo viví, me crié en esa lógica. En ese sentido fui un rebelde y terminé muy sospechoso para mi clase social al escribir “Los invasores”. Se me cerraron las puertas de casas, amigos me dejaron de hablar, problemas familiares muy graves que no valen la pena contarlos.

Bueno, inventé “Los invasores” para no caer en el folletín político que estaba muy de moda en esa época y que tampoco es eficaz, porque caricaturiza la situación. Por eso inventé este sueño-pesadilla de este industrial lleno de culpa, porque creo que hasta el día de hoy está lleno de culpa. Esa culpa se sumerge en el inconsciente, se arrastra y se lleva por dentro, porque no se puede vivir en una sociedad injusta. No se puede, sólo si se vive sordo y mudo, la conciencia te lo impide.

“Los invasores” no sólo me generó problemas con la clase alta, también con los sectores más comprometidos. Porque no era una obra clásica para atacar la burguesía, además es ambigua. Víctor Jara tuvo muchos problemas para montar la obra, el Partido Comunista le pidió que se retirara de la Dirección. El diario “El Siglo” realizó la peor crítica que he recibido en mi vida, la más virulenta crítica: qué cómo era posible que un burgués viniera a hablar de pobreza. Sostenían que “Los invasores” no era la representación del pueblo  y claro, si es una pesadilla. Fue muy duro para mí.

¿Cuál es su opinión sobre  la reescritura que hizo el dramaturgo Luis Ureta de la obra “Los invasores”?

El me contactó para pedirme reescribirla para un proyecto más bien privado, algo más bien modesto, pero después fue absorbido por lo que se hizo en Teatro a Mil. La reescritura me ha provocado varios problemas, incluso con mis hijos. Pero no tuve la fuerza de ir a verla. Amigos míos la fueron a ver y no tuvieron la mejor de las opiniones. “Los invasores” es una pesadilla, pero debe ser bastante creíble: la idea es que el espectador dude. Pero el problema del industrial y el pánico de su señora es concreto y a mí me consta porque yo vi esos estados durante esa época.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Los caminos de la vida, la nueva apuesta de la compañía de danza Delotrolado

Por Cynthia Rodríguez.


Domicilio Particular se estrena el 5 de noviembre en la sala El par, ubicada en Providencia.

Los caminos de la vida que no se escogen por opción propia, que sorprenden y cambian al individuo por obligación, es la temática que aborda Domicilio Particular, la nueva puesta en escena de la compañía de danza contemporánea Delotrolado.

La bailarina y coreógrafa Karin Costa explica que su “su mayor motivación al crear esta obra, fue mirar mi vida de hace dos años atrás”, un tiempo intenso en el que luchó contra un cáncer mamario. Luego de su proceso de rehabilitación, las ansias de crear y bailar fueron más fuertes. Así, reunió a su compañía y por medio de una creación colectiva nació Domicilio Particular.

“Creo que era imposible no detenerme a pensar en los hitos que te marcan y que te van cambiando, desde lo más profundo, desde tu esencia. Y el lograr comprender de verdad todo eso, me llevó a hacer la pregunta: ¿Desde qué lugar me modifico? Pregunta que les planteé a los chicos con los que trabajo y nos dimos cuenta que teníamos varios puntos en común”, señala la intérprete, profesora de danza contemporánea y yoga.

Costa explica que el proceso de creación de la obra fue de mucha improvisación con el compañero y el espacio, además de juegos con el uso de imagen, plástica, lectura y música. Tras ello, el guión se fue armando según las propuestas de cada intérprete.

“(La obra) está situada en un formato que ocurre dentro de un espacio cotidiano, en una casa. Habitamos lugares comunes y objetos que son parte del día a día. Profundizamos en nuestra intimidad y en los problemas de comunicación que tenemos a diario. Todos esos elementos fueron abstraídos y llevados al plano sensorial, modificados principalmente según las circunstancias que marcaron la vida de cada personaje que habita en la casa”, nos cuenta.

Para la coreógrafa, la danza contemporánea es dicha expresión cohesionada con otras artes, vista como un universo de cosas. “Es un todo”, dice. “Y en esencia, es el movimiento que trasciende a la técnica”.

Imperdible estreno de esta exitosa compañía, que nos hará pensar y disfrutar de una puesta en escena expresiva e intensa. Estará hasta el 27 de noviembre en la sala El Par.

Sala El Par. Salvador 1014, Providencia.
Más información: http://elpar.cl/web/

jueves, 7 de octubre de 2010

Aprende el arte de la restauración patrimonial en el MAC de Quinta Normal

Por Juan Carlos Cartagena. 
Fotografías: gentileza de Fundación Patrimonio Nuestro.

Los cursos y talleres son encabezados por Casimiro Sejas, quien ha capacitado a más de mil personas en Argentina. El maestro, que intervino “La Casa Museo de Carlos Gardel”, fue distinguido por Unesco como Artífice del Patrimonio Cultural Viviente de la Humanidad.

Hasta el próximo 23 de octubre se llevará a cabo en el Museo de Arte Contemporáneo, sede Quinta Normal, una serie de cursos y talleres de yesería, adobe, albañilería y reconstrucción, orientado a la restauración patrimonial. La iniciativa contará con el maestro Casimiro Sejas López, quien en Argentina ha capacitado a más de mil personas en esta especialidad.

Sejas pretende dejar herederos de su oficio en nuestro país para que esta iniciativa, organizada por la fundación Patrimonio Nuestro, “sea el puntapié inicial de una actividad que se está perdiendo en Argentina”, donde ha desarrollado su oficio como restaurador de espacios patrimoniales.

“Hace mucha falta capacitar personas en este arte de la restauración para colocar en valor los espacios y edificios antiguos. Este oficio es todo un arte debido al conocimiento que se requiere de los materiales compatibles con el edificio que se quiere rescatar”, asevera el restaurador oriundo de Cochabamba (Bolivia) y residente desde 1957 en Buenos Aires.

En el país trasandino, Sejas durante una década participó “en un proyecto del gobierno federal en la capital argentina, la escuela taller del casco histórico, donde se formaban personas en mano de obra especializada para recuperar edificios patrimoniales”.

Las habilidades y experiencia de Sejas fueron reconocidas en 2007 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) bajo el título de Artífice del Patrimonio Cultural Viviente de la Humanidad.

En la ciudad de Buenos Aires, el artífice patrimonial ha estado ligado a la restauración de importantes inmuebles históricos como “La Casa Museo de Carlos Gardel”, “La Casa de los Elefantes” y La Casa de los Querubines”,  entre otras del caso histórico de la capital trasandina.

Los cursos y talleres de yesería, adobe, albañilería y reconstrucción se realizan los lunes, miércoles y viernes de 18:00 a 21:00 horas, y los sábados entre 10:00 a 18:00 horas.

MAC de la Universidad de Chile, sede Quinta Normal.
Av. Matucana 464, Quinta Normal, Metro Quinta Normal.
Contacto: mac@uchile.cl Teléfonos: (56-2) 9771741, 9771746, 9771755

viernes, 1 de octubre de 2010

This is the end... ¿o no?: Final de la Sexta Temporada de House M.D.

Por Diego Niño.

En narrativa y dramaturgia, existe, desde tiempos ancestrales, un conflicto con respecto a los géneros. En series de televisión y, hasta los 90, existía una claridad meridiana al respecto, pero desde la aparición de series de una hora como “Ally McBeal”, donde los personajes estaban insertos en historias dramáticas y eran cómicos, esa frontera entre drama y comedia se ha ido desdibujando hasta crear zonas que hoy parecen ser tierra de nadie.

Para mi gusto, la mejor forma de definir esa frontera es el daño: en drama los personajes se hacen daño a sí mismos y a los demás, pero en comedia ese daño siempre es superficial y además fácilmente reversible. Ésta es la problemática que presenta “House M.D.”, ya que a pesar de ser una serie más orientada hacia el drama, su protagonista y eje central y -a estas alturas- el ícono popular, Gregory House, es un personaje dramático envuelto en un exterior de comedia: una droga compleja envuelta en papel de dulce.

Desde sus inicios, “House M.D.” se planteó como una serie donde el eje central eran los casos de capítulo, donde House y su equipo resolvían misterios médicos imposibles, de formas improbables. Recién en los últimos capítulos de la primera temporada hacía su aparición el personaje de Stacey, antigua novia y último amor reconocido de House que lo ponía en un conflicto personal que nos mostró cuál sería su eterno problema: aceptar la posibilidad del dolor para conseguir felicidad o seguir escudándose en su armadura inexpugnable y seguir siendo el ser miserable que House hasta hoy es.

Así y, de forma siempre medida, como un medicamento que en altas dosis, puede ser letal; los guionistas de House han ido jugando con la posibilidad de ese cambio, que nunca se concreta realmente: inteligente decisión porque si House decide hacerlo, ya no sería House y la serie se acabaría o los espectadores la abandonarían. Aquí es donde, a nivel de límites de daño, House traspasó uno al final de la quinta temporada que provocó que, espectadores como yo, quisieran que la serie terminara, no por un asunto de calidad, sino por empatía y cariño al personaje.

No voy a hacer un spoiler (los odio), pero en el último capítulo de la temporada anterior, House y el espectador se dan cuenta que su sufrimiento interno ha llegado a límites autodestructivos: él decide hacer algo radical al respecto, y nosotros, los espectadores... también. Decidimos que es hora de que la serie se acabe y su sufrimiento también.

House debe cambiar, pero luego, en la séptima temporada (e imagino motivado por su aún altísimo rating), House hace un intento de cambio, y finalmente vuelve a ser más o menos lo mismo, a excepción de que ya no es adicto a la vicodina aunque sigue comportándose como si lo fuera y, de forma clara, reconoce su amor por Lisa Cuddy, su jefa en el hospital y eterno URST (Unresolved Sexual Tension/ Tensión Sexual no Resuelta: ingrediente indispensable para una buena serie de televisión). Aquí se inicia el problema, ya que como espectadores sabemos que él está sufriendo muchísimo, aunque no lo demuestre: queremos más a House, pero él parece no quererse a sí mismo ni a nosotros.

Así llegamos al asunto de esta columna (qué camino más largo, lo siento pero soy guionista y tiendo a completar las historias) que es el final de la séptima y última temporada de House M.D. En su último capítulo y, de forma bastante intempestiva, su situación da un giro hacia la posibilidad real de ser feliz (no insistan en ese pensamiento, no voy a hacer un spoiler), pero como todo buen seguidor de series sabe, eso se torcerá y traerá problemas, problemas que ahora de no solucionarse podrían hacerlo infeliz para siempre: aquí no hay daño, pero la posibilidad del daño es la más alta que House nunca ha tenido.

Es por eso que, humildemente, creo que ahora sí que tienen que terminar la serie. De no hacerlo, se arriesgan a que seamos los espectadores quienes la abandonemos. Y por mucho que disfrutemos de House y su genialidad, es hora de dejarlo ir. Espero que los encargados de tomar la decisión piensen lo mismo o, como muchas veces ha ocurrido, lo recordaremos como ese amigo que tuvimos alguna vez y en el cual hoy sólo pensamos añorando tiempos pasados en que disfrutábamos de su compañía. Todas las drogas deben ser dejadas y Gregory no es una excepción.

Si quieren saber cómo comienza a terminar esta historia, la octava temporada de House M.D., comenzó la semana pasada y parece ser el principio del fin, no de la serie, si no de nuestro gusto por ella.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Carnaval Cultural 2010 en Pudahuel

Por Juan Carlos Cartagena Pozo.
Fotografías: Unidad de Cultura, Jóvenes e infancia del Municipio de Pudahuel. 

Desde las 16:00 hrs. de este sábado 25 de septiembre, en Av. San Pablo con Teniente Cruz, los habitantes de Pudahuel desbordarán sus calles de alegría y creatividad con carros alegóricos, comparsas, música, actividades para niños y exposiciones de artesanía. También tendrán como invitado al grupo Illapu, en la jornada de clausura.

Con una amplia convocatoria para todos los organismos sociales de esta comuna, quienes se acreditaron ante el gobierno comunal, sus integrantes se  aprestan a participar de la cuarta versión de la competencia de alegorías y comparsas en este carnaval cultural en el año del bicentenario.

Un jurado externo tendrá la misión de evaluar las presentaciones carnavaleras, y la calificación abordará aspectos de coherencia y contenidos de las alegorías, presencia de candidatas a reina,  creatividad de la ornamentación, originalidad, explicación y defensa de cada alegoría; tarea que recaerá en  cada candidata al reinado 2010.

Sobre el modelo organizativo de esta iniciativa, Claudia Saball, Asesora Jurídica y Alcalde(s) del Municipio local, aseveró que la participación ciudadana es el eje central: “En todas nuestras iniciativas hemos puesto el acento en fomentar, relevar y destacar la participación de la comunidad y sus organizaciones, tanto en el diseño como en su ejecución”.

Durante el desarrollo de la fiesta comunal, los carros alegóricos, encabezados por  su candidata a reina, representarán algún motivo, escena o personaje de nuestra historia. Todo el montaje se realizará instalado sobre un vehículo acondicionado con una altura máxima de tres metros, acompañado de su correspondiente comparsa de disfraces y músicos.

Todos los detalles previos al evento - declaró la autoridad municipal - los estamos afinando con las organizaciones sociales de la comuna: “El eje central de nuestro modelo de gestión comunitario radica en el rescate de los sentidos de identidad y de la diversidad socio cultural que nos caracteriza como espacio territorial” -agregó.

Los organizadores del evento esperan una masiva concurrencia,  particularmente en los 20 stands de la feria artesanal y en las múltiples actividades recreativas infantiles. El cierre de la festividad estará a cargo del conjunto nacional ILLAPU, como invitado estelar.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Santiago y Valparaíso serán sedes del tercer Festival del Videoclip

Una semana repleta de actividades, donde el videoclip y la música nacional serán los protagonistas, promete la tercera versión del Festival del Videoclip que organiza Suena.cl y la Facultad de Comunicaciones UC junto al patrocinio del Centro de Extensión, CNCA de Valparaíso.

En el lanzamiento realizado en El Cachafaz del Patio Bellavista, que estuvo animado por Jaime Coloma, se dieron a conocer las actividades que se llevarán a cabo durante los cinco días dedicados al videoclip.

Este año es la primera vez que el Festival del Videoclip expande su duración y locación. Valparaíso será una de las sedes y durante los tres primero días del festival se realizarán diversas actividades totalmente gratuitas en el CENTEX (Centro de Extensión del CNCA) como talleres de videoclips, presentaciones en vivo y estrenos de videoclips.

A partir del jueves 30 de septiembre las actividades se trasladas al Centro de Extensión UC (Alameda N°340). Entre las que destacan interesantes charlas y talleres sobre el videoclip, la muestra del documental Temporary Valparaiso, entre otras actividades.

Además, durante la semana del Festival del Videoclip, la música en vivo se hará presente en el Patio Bellavista a partir de las 16 horas. Javier Barría, YosoyPérez, Angelo Pierattini, Diego Peralta serán los encargados de ponerle ritmo a las tardes.

El próximo viernes 1 de octubre se darán a conocer los ganadores en las distintas categorías; Mejor videoclip, Talento Universitario y Premio del Público. En esta última, el público será quien tenga el poder de decisión y podrá elegir a su videoclip favorito votando en el sitio web oficial del Festival www.fvclip.cl

Una semana dedicada especialmente a la difusión de la música chilena en torno a la industria audiovisual hace del Festival del Videoclip 2010 un imperdible de esta temporada.

Revisa los videos seleccionados acá:


 
Fotografías: Natalia Bustamante.

martes, 21 de septiembre de 2010

Ángelo Pierattini, ex Weichafe: “Busco el arte de la vida cotidiana”

Por Ernesto Wenzel.
Fotografías: Francisco Carrillo.

Con una extensa carrera de 15 años en la música y el rock, Ángelo Pierattini nos cuenta que finalmente encontró un formato musical propio para consolidar su camino como solista. Amante del arte y la belleza de las cosas sencillas, hoy no elude el debate en torno a las políticas musicales, la vida y los derechos de las personas. Además, nos habla de su disco “Vampiros”, producción que lo tiene orgulloso y lleno de ganas de seguir trabajando.

Revista Réplica: Después de ese primer disco como solista llamado “Volumen 1”,  y luego de un año de trabajo, aparece “Vampiros”. ¿Qué significa este disco para ti?
Angelo Pierattini: Es, en términos musicales, lo que yo quiero entregar a la gente. Respecto de la composición de canciones como de los arreglos que le hicimos. La manera en que se enfrentó el disco musicalmente para mí es una consolidación absoluta de mi carrera como solista. Representa la primera piedra de la construcción de mi carrera, pensando ya en una proyección.

R.R: ¿Cómo llegaste a la propuesta de Vampiros?
A.P.: Exploré mucho. En “Volumen 1” boté todo lo que tenía adentro para ahora sintetizar lo que quiero hacer. Ese primer disco me sirvió para armar el plano: aquí estoy, esto me gusta y definir qué quiero mostrar, qué quiero hacer, de qué manera. Así logré un formato súper sencillo que, en el fondo, es una manera súper concreta de comunicarme con la gente que escucha mis discos o va a las tocatas: canciones con mucho sentimiento, honestidad y energía que, me parece, logro comunicar a la gente.

R.R.: ¿Por qué le pusiste “Vampiro” al disco?
A.P.: Porque me gustó una película sueca de vampiros que se llama “Déjame entrar”, que habla de dos niños de los suburbios de Suecia. Una película muy atípica de vampiros, sin estética de vampiros, sino con un contexto muy de vida cotidiana. Eso me gustó porque yo no soy mucho de cuentos fantásticos, sino del arte que se define más en la vida cotidiana, de ciudad o del campo, pero desde la vida real.

R.R.: Te refieres a la belleza de lo concreto…
A.P.: Sí. A lo más concreto, también con poesía y metáforas, pero todo desde el imaginario de la realidad cotidiana, eso es lo que a mí me motiva. Desde el micro mundo, el barrio, los  amigos, la familia. Mi habla no es desde la globalización. No me interesa hablar de temas grandilocuentes. Me interesan las relaciones personales, lo que sucede en la esquina de mi casa. Esas cosas me motivan. Que en definitiva se conectan con lo global, porque son los mismos problemas. Yo no voy a hablar de la guerra; eso me interesa a la hora de las noticias. Pero a la hora de hacer una canción, que es como ponerle una vela a un santito -un acto casi sagrado para mí-, esa vela quiero ponerla en un lugar especial, en la vida cotidiana, que muchas veces se pasa por alto. A mí me gusta hacer mi arte, me gusta hacer música para esos instantes.

R.R.: Pero aunque no te interesan los temas grandilocuentes, se sabe que no eres apolítico.
A.P.: Para mí la “apolítica” no existe. Todo acto es o tiene que ver con algo político. Yo no creo en ese discurso de lo apolítico, inventado por la gente que está en el poder. Lo que a mí no me interesan son los políticos. Ellos están en una pelea que está como en la estratosfera. Discuten nuestros temas, alejados de nuestra vida cotidiana, pero dentro de sus intereses de poder. Eso lo encuentro feo y no creo en eso. Pero sí me interesan los temas que tienen que ver con la política.

R.R.: En política ahora se discute la idea de legislar para que la música nacional tenga un 20% de espacio en las radios nacionales. ¿Qué te parece?
A.P.: Me parece la raja ponerse a la altura de las circunstancias culturales de estos últimos 20 años. Nosotros tenemos una identidad cultural súper potente que perdimos durante 17 años, pero si tú levantas esa alfombra, Chile está lleno de gente y actos creativos buenos o malos. Lleno. Pese a que vivimos con un sistema tan represivo en general, la creatividad sale por los poros. Y el que se esté peleando una ley por el 20 % me parece la raja. O sea es lo mínimo.

R.R.: Me parece que hay un “pero” en todo lo que dices…
A.P.: Lo que me parece una mierda es que se tenga que pelear por esa ley; tener que esperar a los parlamentarios para explicarles de qué se trata lo que están legislando. Es como si se tuviera que pelear por la identidad. Los políticos hablan de la identidad nacional, de patriotismo, de defender el activo, la tierra y los minerales. Pero ellos no encuentran que la cultura sea un activo. Piensan que es un hobbie. Pero resulta que están discutiendo y legislando de tu vida, de tus opciones. Mi oficio es la música, me dedico y vivo de esto. Yo estoy creando y haciendo discos, como muchas personas y tengo derecho a difundirlo. Y a que la gente se reconozca en ello. Porque si la gente se cree el weón del MTV es porque falta el reconocerse, el espejo cultural. Nosotros tenemos un espejo cultural muy bonito, pero no lo conocemos. Por ejemplo, si tú miras el plano cultural en Chile no hay nadie que promueva la violencia. Entonces, encuentro una insolencia el tener que mendigar un derecho. Que uno tenga que pelear por un derecho, que uno tenga que pagar por la salud, la educación. Sacarse la cresta, deslomarse por algo que es un derecho. Esto tiene que ser porque sí.


R.R: ¿Hay alguna canción que te gustaría presentar a los lectores de tu nuevo disco?
A.P.: Sí, “Menta, miel y sangra”. Esta canción es una de las pocas que he hecho de esta manera. Fue un tarareo melódico en la calle que grabé en el celular. Me gustó mucho la melodía y la saqué en guitarra. Tuve un ensayo en que estábamos viendo canciones para este disco y yo no tenía ninguna canción preparada y me acordé de esta canción y me dije “esta canción está la raja”. Volví a escuchar la melodía y, entre duchándome y vistiéndome, saqué los acordes. En el ensayo, se la presenté a los muchachos como si la hubiera ensayado muchísimo jajaja. Y al final salió súper rápido. Después hice la letra porque habitualmente hago la música y después hago las letras. Me parece que es uno de los mejores temas del disco, porque se conecta con una profundidad específica que tiene que ver con algo épico. Algo tiene que me deja muy arriba… Ojalá les guste.




lunes, 20 de septiembre de 2010

Sol Díaz lanza a su personaje Sinnada

Por Cynthia Rodríguez.


El próximo miércoles 22 de Septiembre, en el Festival de Viñetas del Fin del Mundo, organizado por el Centro Cultural de España, se realizará el lanzamiento del libro de Sinnada, personaje estrella de nuestra talentosa colaboradora, Sol Díaz. En la ocasión también dará un adelanto de su próximo libro “¿Cómo ser una mujer elegante?” Sí, la misma historieta de nuestra Revista, la que te ha hecho pensar y desear ser todo menos una mujer elegante. Se viene Sol Díaz, se vienen días soleados.

Sol Díaz hace monitos, historietas y caricaturas. Tiene veinticinco años, es talentosa, prolífica ilustradora, animadora y diseñadora gráfica de la Universidad de Chile. Su propuesta hace reír y a la vez pensar, sus personajes son casi outsiders y habitan en un mundo propio que se rebela ante la sociedad.

Con dibujos de líneas simples y honestas, Sol muestra una cierta humildad frente a su arte. Es creadora también de Pancha la Chancha, el Rey Maximiliano, y Las Bicharracas, que según sus palabras son “la negra, la fea y la peluda; tres niñas que no cumplen el prototipo de mujeres que hoy nos obligan a ser”. También es la autora del cómic publicado en Revista Réplica llamado “¿Cómo ser una mujer elegante?”.

A esa “mujer” ella la define como “una ironía a esas mujeres de collares de perlas, tacones altos y pelo de peluquería”. Contrastándola en un ángulo de 180° con su
Sinnada, cómic que presentará este miércoles: “El Sinnada es un niño que anda pilucho, que se despoja de todo, que se escapa al bosque donde reflexiona acerca de la ciudad y la gente… y que hasta luchó contra las termoeléctricas de Punta de Choros. Es valiente y rebelde”.

Éste personaje saldrá a la luz dentro del Festival Viñetas del Fin del Mundo -espacio que tiene por objetivo difundir a autores chilenos y sus trabajos de narrativa gráfica-, que después de su exitosa primera experiencia, ha cobrado vida nueva gracias a las potencialidades de internet.

Sol es una de las pocas representantes femeninas del nuevo cómic chileno y de la tendencia llamada webcomic, que es una historieta disponible para su lectura en Internet. Muchos webcomics son publicados solamente en la web, mientras que otros se publican en papel.


Aunque para crear Sol utiliza las dos herramientas, dibuja directamente en un papel con lápiz mina, arma los cuadros, luego los pasa a tinta con rapidograph, los escanea, los pinta en el computador y listo. Suena fácil, pero si no se tiene el talento de Sol difícilmente podría resultar. Confiesa que se siente más cercana al sistema análogo; el computador para ella es sólo una herramienta de trabajo que no sabe usar muy bien, ocupa sólo lo necesario.

Además, de su inclusión en la web, Sol creó el personaje protagonista de una serie infantil que será emitida próximamente por TVN, llamada “Telonio y sus demonios”, inspirada en Charlie Brown.

Hoy le preguntamos cómo nació
Sinnada y Sol dice: “Nace en el período en que salí de la Universidad. Cuando sientes que tienes que ser una persona “real”, buscar un trabajo, pagar cuentas, la AFP, isapres, el banco, ¡mil cosas! La verdad es que fue agobiante para mí pensar en eso, como dice Sinnada: “¡La vida me abruma!” Cada día trato de vivir más como él, creo que se puede, quizás no completamente -se ríe- pero sí, siento que uno puede manejar su vida, uno elije ser libre”.

La entusiasma seguir creando y saber que está haciendo un aporte o abriendo un espacio de reflexión. El feedback que se crea con la gente que ve sus trabajos para ella es sagrado. Sol cree que el reconocimiento llega solo, es un resultado de un trabajo hecho lo mejor posible.





Si quedaste con ganas de conocer más su trabajo, puedes visitar sus blogs:
sinnadacomic.blogspot.com
comoserunamujerelegante.blogspot.com
bicharracas.blogspot.com

domingo, 12 de septiembre de 2010

Juan Radrigán, dramaturgo: "Hoy las obras las blanquean, las despolitizan, las descafeínan"

Por Javier Díaz y Carlos Martínez.

Nos juntamos con quien debe ser uno de los referentes más importante de la dramaturgia  chilena de los últimos 30 años. Conversamos en un improvisado set que sólo tenía dos sillas de plástico y como telón de fondo el Teatro Novedades cerrado. Una imagen que de alguna forma ejemplifica lo que él ve como la costumbre de dejarlo fuera del FONDART.  Pero Radrigán con o sin apoyo para este año pretende montar a pulso una nueva obra. Aquí el creador de “Hechos Consumados” le da una vuelta a sus obras, al conflicto mapuche y a la falta de contenidos crítico e ideológico que sufre la escena teatral chilena.


Tú has señalado que “la sobrevivencia lleva al hombre a hacer cosas increíbles”, ¿qué cosas increíbles recuerdas de tu propia historia?
Cosas increíbles no muchas. Realicé varios oficios como mecánico, fundamentalmente como mecánico de telares. De la infancia no tengo muchos recuerdos porque empecé a trabajar a los 15 años.

A fines de los 70 escribiste el poemario “El día de los muros” y también tocaste la narrativa, ¿qué te lleva a elegir la dramaturgia?
Sí, antes del poemario hubo un período donde escribí cuentos pero mejor que no exista recuerdos sobre eso. Es que con los cuentos no iba a ninguna parte. Era rematadamente malo. Como de la nada opté por la dramaturgia, empecé a escribir teatro y me gustó. La primera obra se llama “Testimonio de las muertes de Sabina” (1979). Hay muchos autores que se pierden en los géneros, entonces uno se acomoda en lo que mejor puede hacer. Yo me siento muy cómodo escribiendo teatro.

Parte de tu escritura fue desarrollada durante la Dictadura ¿En qué estabas en esos años en los 80 a nivel personal y dramatúrgico, y qué relación tuviste con los dramaturgos de ese tiempo?
En ese tiempo se produjo la unión de todas las artes contra la Dictadura. Existía mucha conversación entre nosotros, cosa que desapareció con el tiempo. En esa época existía solidaridad entre los artistas.  Los problemas políticos estaban latentes, por supuesto, pero no molestaban demasiado. Algo se podía trabajar. Había un documento de la CNI que decía que no había que censurar el teatro, no perseguirle, sino oponérsele al proponer otro teatro. Obviamente no tenían alguien que les escribiera, porque los milicos aparte de limpiar cañones y matar gente no saben hacer ninguna cosa más. Mucha oposición no le hicieron porque pensaron que el teatro era elitista por el poco público; lo bueno es que ellos estaban muy equivocados. Era un bonito tiempo a pesar de lo que estaba pasando, había mucha creatividad y en las poblaciones se hacía harto teatro. Encuentros de teatro y la gente iba con cierto temor pero iba. Además en esa época no estaban brutalmente caras las entradas, no era prohibitivo, hoy es económicamente prohibitivo.

En el Festival de Teatro por la Paz de 1989, en Costa Rica, fuiste nombrado como uno de los gestores del cambio de la escena chilena. En relación con eso y considerando que tú has señalado no creer en la vía democrática y que has optado por no inscribirte  en el registro electoral, ¿qué postura tomas frente al nuevo rumbo político impulsado en el país después de la Dictadura?
Fue muy difícil, creo que no sólo para mí sino que para la mayoría, fue muy difícil reiniciarse. Ya no estaba la gente, habían escondido la cara. Se había perdido la dirección y lo que hacíamos nosotros también, entonces ¿de qué hablar? Era un tiempo en el que muchos nos sentíamos totalmente derrotados pero otros sentían que estaban muy bien, que habían triunfado. Entonces la gente decía que eso ya había pasado, que lo feroz de la dictadura ya no existía, por lo que no se podía seguir hablando de eso. Había que buscar otro rumbo, porque tampoco estaba muy conforme con lo que pasaba. Entonces de pronto encontré la leyenda (no sé si mucho leyenda) del mulato Taguada y Javier de la Rosa, que era un enfrentamiento de payadores en donde ganaba el que podríamos llamar pituco, Javier de la Rosa. Yo la re-escribí, la transformé, y ese duelo que ellos tuvieron no terminaba, seguía, seguía hasta hoy. Todas las noches de San Juan ellos volvían a enfrentarse. Con eso yo quería significar que todavía seguíamos, que no habíamos terminado. Y de ahí seguí escribiendo, ya con más dificultades económicas porque no te iban a ayudar.

La escena contemporánea se ha dividido en varias vertientes, a nivel de dramaturgia y montaje, que van desde el abundante uso didascalias, la dramaturgia del espacio, el teatro físico, el rompimiento de la “cuarta pared” para confrontar al público, y el espacio reducido, hasta inclusive la pérdida total de la estructura aristotélica o del conflicto dramático como algo claro.  ¿Cuál es tu visión de la dramaturgia nacional actual, entre los que se encuentra Luis Barrales?

Con Luis Barrales hemos trabajado juntos muchos años, como seis años. Yo hacía clases y él era ayudante. Yo creo que él es la figura más relevante hoy día entre los jóvenes. Ahora hay bastantes dramaturgos, pero no es posible conocer su trabajo, porque no hay espacios. Los lugares en donde se montan las obras no son salas de teatro, no están habilitados, son lugares apartados a los que no acuden críticos, entonces tampoco hay registro de eso. Pero hay un teatro bien pujante joven. La dramaturgia se puso bien joven, así como los directores, los actores; lo que me parece muy bien. Sin embargo, no están muy ligados al tema social. Se han apartado un poco de eso y han agarrado seguir modas, cosas que pasan rápidamente. Eso lo han hecho desde la Muestra de Dramaturgia Europea. Entonces empezaron a copiar y a escribir sin personajes, sin actores, sin estructura, sin nada. Son chorezas: es como para ser original, pero tú no puedes pretender ser original, tienes que serlo sencillamente. No puedes hacer cosas extrañas que parezcan originales. No me gusta, porque lo que permanece son las obras de siempre: “La muerte de un vendedor”, “Seis personajes en busca de un autor”, me refiero a la dramaturgia universal que aborda ciertos temas. Yo creo que ustedes se deben reír, deben pensar “Miren, el hueón, ¿qué creerá que es el teatro…?”. Yo creo que es una impotencia de decir algo y de cómo decirlo. Hay una crisis de contenido que es evidente hoy en día. Se busca en otros lados y se le da mucha preponderancia a la forma más que al contenido y el contenido para mí es lo que queda, si con la forma podemos hacer lo que queramos.

Dentro de las temáticas tuyas que tienen un trasfondo social, quiero destacar tres: el arribismo, la religión y la marginalidad. Partiendo por la primera, en la obra “Cuestión de ubicación” (1980) Cristian ( uno de los personajes) señala: “Claro, si las banderas son todas iguales, lo que cambian son las personas, o sea, el modo de usarlas” y en esa obra ellos casi no comían, eran consumistas, sólo se compraban cosas ¿a qué atribuyes este fenómeno chileno del doble estándar, de la proyección de una imagen social que no se posee, como sucede en esta familia del Emeterio y la Domitila?
Ese es arribismo puro, aspiracional. De hecho viene desde las telenovelas, en las que todos sueñan con ser lo que no son. Derechamente lo atribuyo a la imbecilidad. Ese era el tiempo en que el consumismo se desataba y escribimos la obra para eso, para mostrar el consumismo. ¿Recuerdas que daban facilidades para adquirir de todo?

En otra entrevista señalaste: “Lo que hay son marginados y no marginalidad” ¿Cuánta importancia tiene para ti el hecho de que siga aumentando lo marginal y los estereotipos actuales como “el flaite”?
Lo que pasa es que los marginados siguen siendo los mismos, los pobres. Yo creo que buscan alguna forma de destacar y se arman estos grupos que desaparecen rápidamente. Seguramente los flaites van a desaparecer y van a haber otros, hubo otros…Yo creo que eso temporal e imitativo. Se ve algo de afuera, de Estados Unidos fundamentalmente, se copia y después desaparece porque no nos compete, no nos representa, no hay una identidad profunda en eso.

Y lo marginal que todavía se esconde, que todavía se trata de limpiar.
Bueno, le llaman “gente en situación de calle”. A través del lenguaje se intenta hacerlos inexistentes, de borrarlos, pero siguen siendo los mismos y están en la misma situación. Y no creo que se haya mejorado mucho, el abismo entre la riqueza y la pobreza es impresionante.

“¿Sabe lo que le diría a Dios si lo encontrara por ahí? Le diría esta pura cuestioncita: Eh, compadre, no le haga a otro lo que no le gustaría que le hicieran a usted”. Este fragmento pertenece a Hechos Consumados ¿Cuál es para ti la influencia y el rol de la Iglesia en el país?
Yo creo que la Iglesia hizo, durante la Dictadura, apenas como el 5% de lo que debía hacer. Históricamente se ha dedicado a predicar resignación y paciencia a los pobres. Todos ellos,  través, por ejemplo, de los profetas, decían exactamente lo mismo: “ya vendrán los días mejores” y nunca llegan. Todos estos textos y personajes están como al servicio del poder, aplacar todo posible de foco de rebelión. Me gusta mucho la Biblia, creo que es un libro precioso y profundo pero que leo como libro, dejémoslo así, que no me vengan a hacer creer que lo que dice sucedió.

¿Cuál es tu visión sobre el conflicto mapuche y el futuro de las culturas indígenas?
Sigue siendo cada vez más terrible. Yo no creo que dejen de quitarles las tierras. Es muy rapaz el chileno. No se les da ninguna importancia a los pueblos indígenas, incluso el mapudungun no lo enseñan en ninguna parte, siendo ley, y ya ellos no lo están hablando. Todos tienen que venirse aquí a buscar posibilidades de trabajo. Entonces el futuro lo veo oscuro.

Como dramaturgo, ¿no te ha dado por tocar esa temática?
No, todavía no. Me va a dar sí, me va a dar lueguito. Yo creo que están muy desamparados, también porque tienen poco acceso a participar de esta cultura: no hay gente preparada o son muy pocos. Este es uno de los graves problemas de Chile y ahora menos va a tener promoción en este periodo de derechización. Hoy está pasando una cosa bien cabrona: los dueños (quienes tienen salas de teatro) o los que tienen algún puesto, no es que se hayan derechizado pero hoy  las obras  las blanquean, las despolitizan, las descafeínan. Cosa de no ofender ni de perder proyectos y eso es muy malo para el teatro, porque va a tener que afincarse otra vez sólo en el teatro independiente para poder decir cosas. El teatro nacional ya es una risa. Fui a ver “El inspector” y le quitaron todo lo político, le pusieron hasta una banda de música. Por eso tanta volá con “La pérgola de las flores”, con esas obras de entretención.

Para cerrar y aprovechando que estamos frente al Teatro Novedades ¿algún recuerdo memorable en este o en otro teatro?
En este teatro montamos una obra que se llamó “Islas del porfiado amor”, cuando recién estaban tratando de hacerlo funcionar. Este teatro es muy grande y trataron de equiparlo bien, trayendo buenas luces, equipos de sonido, de hacerlo cómodo, moderno. No resultó. Yo creo que tendrían que haber apelado al barrio, haber captado gente acá, haber empezado por ahí, pero se perdió definitivamente, ya no funciona y queda una gran sala. Cuando hicieron este  teatro había otra opción en el sector, que era el Teatro Carrera en la Alameda y optaron por éste. Creo que fue una decisión equivocada, debieron optar por el otro, mejor ubicado. Éste hubiese sido mejor para que la gente del barrio hiciera cosas, que es un barrio movido, enorme y pobre también. Entonces, si se hacen cosas en las que se cobran cinco lucas, obvio que no viene nadie.

¿Qué percepción has tenido al ver los montajes de tus obras?
Generalmente voy y soy crítico. Aunque ya es costumbre dejarme fuera del FONDART (que es la única instancia que hay), así que en cinco años seguidos no se ha montado alguna obra. Este año pienso montar como antes, a pulso.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Sharaku en la mirada de hoy

Por Cynthia Rodríguez.

El Instituto Cultural de Providencia, en su sede del Montecarmelo,  exhibe un homenaje al histórico artista japonés del siglo XVIII, Sharaku. Es una completa revisión a su serie de retratos de actores y escenas teatrales. Allí además se puede apreciar su influencia en las nuevas generaciones. Imperdible, de lunes a viernes, hasta el veinticuatro de septiembre, gratis.

Toshusai Sharaku en diez meses, entre mayo de 1794 y febrero de 1795, concretó 144 obras y desapareció sin dejar huella. Algunos dicen que fue un actor del teatro Noh, porque realizó casi exclusivamente retratos de actores en sus personajes Kabuki y Kyogen, e imágenes de luchadores de sumo, incluso guerreros. Su estilo de intenso trazado de líneas y el uso acertado de los contrastes cromáticos, aprovechan todas las posibilidades técnicas de la cromoxilografía. Es su legado. No obstante, con sus retratos hiperrealistas, terminó por ganarse la desaprobación del público y el odio de los actores. No estaban preparados para su realismo penetrante y su caricatura psicológica.

Pero el experto alemán Julius Kurth publicó en 1910 obras de Sharaku a nivel masivo y creó el boom del artista en occidente, por lo que recién en ese momento fue consolidado como creador sobresaliente del Ukiyo-e.

Sus obras están en los museos más importantes del mundo; en el Museo Británico, el Instituto de Arte de Chicago, el MOMA, y por supuesto en Tokio, donde su trabajo fue designado como importante propiedad cultural.

La muestra tiene tres partes. La primera es Reproducciones de Sharaku, y la componen veintiocho reproducciones recientes de obras del artista creadas por el instituto de xilografía Adachi. Son idénticas a las originales, aunque comparados con los reales, ahora descoloridos, las nuevas impresiones adquieren toda la energía y color que debieron tener en un comienzo. Son retratos de actores con intensos gestos faciales, ojos, bocas y manos muy expresivas.

La segunda parte, Sharaku en el Arte Gráfico, es una selección de otras veintiocho obras, en su mayoría carteles extraídos de una celebración conmemorativa del doscientos aniversario del nacimiento del grabador y donde participaron los mejores exponentes del diseño gráfico japonés.

De Ikko Tanaka vemos construcción de la cabeza de Sharaku con nueve círculos, offset hecha en 1995. Además hay afiches de diversas estéticas inspiradas en las artes japonesas clásicas y modernas, serigrafías y offset en su mayoría.

Y la última parte de este viaje se denomina Homenaje a Sharaku, hay una muestra de veintitrés obras de once artistas japoneses contemporáneos. Por ejemplo, vemos desde un lúdico homenaje de Takashi Murakami en un díptico de acrílico sobre tela  hasta un personaje de ficción en una especie de animación japonesa.

En los homenajes siguientes observamos cómo se reinterpretan las técnicas  y figuras del maestro. En una esquina de la sala hay cuatro impresiones en relieve de zinc hechas con un taco de madera y además con una impresión digital.

También nos encontramos con el entrañable sonido de tres esculturas con tres cajas de música cada una, entonando una simple melodía, el público puede interactuar dándole cuerda a las cajitas, obra de Yukio Fujimoto, llamada caja de música en movimiento. Y una especie de box habilitado con lápices y tarjetas para hacer un dibujo inspirado en la expo; el dibujo se debe dejar en el box porque será llevado al extranjero y a modo de intercambio usted se lleva un dibujo que alguien hizo en otro país.

Los medios de expresión de la muestra abarcan desde la pintura, fotografía, escultura, cerámica y grabado. Es una visión amplia de la influencia de lo clásico en lo contemporáneo, tan común en las artes orientales. Pero aun así, lo único que une a una obra con otra es su completa audacia y riesgo a representar su propia versión de Sharaku.

martes, 7 de septiembre de 2010

Sin rock la vida es un errock

Por Nibaldo Acero.

En los primeros tiempos de la civilización, la música y la literatura eran una sola pulpa y esqueleto. En la Grecia antigua no había un término para referirse a uno u otro arte por separado, era toda manifestación estética, no concreta, una expresión lírica. De ahí el arte lírico.  Letra y sonoridad, palabra y vacío, fueron conformando una cultura cuyos vaivenes y especificaciones, definitivamente las distanciaron. La música quedó al margen del imaginario literario y viceversa.

Entonces, música y poesía a veces se abrazaron, a veces bebieron juntas, más de alguna vez tuvieron sexo, pero dejaron definitivamente de ser una misma cosa, en teoría. Sin embargo, este distanciamiento apenas es en la conceptualización académica. Los juglares del medioevo deambulaban por bosques y perdidos pueblos a través de su música que rememoraba versos, a viva voz, basados en hechos históricos y pequeñas fábulas locales, manejaban lo que hoy conocemos como la técnica de improvisación llamada rapping.  Los textos de Neruda se hicieron zampoña, los de Machado, austeros e implacables salmos de lucha.

A través del tiempo la literatura vivió procesos revolucionarios, tal como los vivió la música. La poesía se hizo vanguardista, se hizo esperpéntica y luego ácida y terrorífica, tal como le sucedió a su maldita gemela. Juntas de la mano, estas artes maduraron con el acero de la realidad, ambas se afanaron en búsquedas místicas, oníricas y luego se enfrentaron al poder, cara a cara, sufriendo las consecuencias. Es común que las dictaduras persigan, torturen y aniquilen a sus artistas, mas prefieren hacerlo con los escritores y los cantautores, porque sienten que atacan a los machos alfa de la manada.

Separadas o no, música y literatura, conformaron en paralelo un escuadrón de asalto a la cultura, adelantando o vislumbrando lo que cada sociedad deberá vivir.  La armonía que las une, no tiene que ver con la paz o el equilibrio de la materia, la armonía de cada una de ellas se enmarca en la anarquía intensa y sostenida, en la demolición del poder por el poder, y contraponen a ello, una creación desenfrenada y violenta para nuestra tradición.

Ambas se hicieron peligrosas y valientes con los soberbios, aunque misericordiosas con lo pequeño. Han vivido momentos de gloria y de postergación, de censura y de explosión. Han concebido hijos oscuros y luminosos,  han sido madres de  los himnos del hambre y la desesperanza. Han sido aullido. Han sido rock.

Sin Rimbaud no se concibe Jim Morrison, hasta en los gargajos se pueden hallar similitudes nucleicas. Sin Baudelaire Iron Maiden pierde el satánico derrotero, sin Bolaño no se concibe el power metal.  Eminem no se concibe sin Quevedo. Sex Pistols no se concibe sin Epicuro, sin Houellebecq. Y aunque la atemporalidad sea la que fecunda esta teoría, no se engendra, en su límpida concepción, Motorhead sin Dostoievski, Pantera sin William Borroughs, Los Molotov sin Juan Rulfo, Truman Capote sin Billy Halley, David Bowie sin Pablo De Rokha, Kurt Cobain sin Mishima, y viceversa, Jaegger sin Hemingway, Los Beat sin los Commodores, Metallica sin Walt Withman, Slayer sin Salinger, Janis Joplin sin Alejandra Pizarnik.

Nietzsche, en toda su fresca y descomunal sensatez saca del baúl de los recuerdos un verso magnífico: Sin música la vida sería un error. Él, un escritor y filósofo alemán, da cuenta de lo imprescindible de la polifonía que deriva de la nada, de la labranza y de la experimentación del canto, venga de la selva, como decía Silvio, venga desde el infierno como propone ACDC, venga de un espíritu masacrado o sublime. Venga o vaya de o adonde sea.

Nosotros no podemos estar sin literatura, no podemos respirar sin rock, no podemos, pero tampoco lo intentamos. No concebimos una existencia sin coraje, sin pensamiento y sangre. El rock no es la filosofía del zombi que mueve las caderas, es la del encarcelado por sus ideas, es la del letrado que lanza piedras. El rock se nos escapó de las manos y avanza desbocado para estrellarse, concientemente, con el genuino espíritu humano, ese que requiere de un amor feroz, sanguinario, para sentirse vivo.

La potencia del rock puede encontrarse en un par de versos, donde los acordes los palpe nuestra iracunda reacción y entendimiento. Igual suerte corren los escritos poéticos, que chorrean más partituras que rimas. Seguirán siendo siamesas estas artes, trincheras de orgía con la muerte, de caos necesario, de letras con sabor a rebelión, de resistencia armónica (anárquica) y dionisíaca. Como buenas artes, continuarán rescatando las bestias que tenemos en la memoria de nuestra alma, permanecerán socavando en busca de nuestras pasiones más atormentadas y a través de catarsis brutales, nos harán mujeres y hombres capaces de sobrevivir a los cruentos sistemas, pregonando demonios, agitando nuestras negras molleras.

La vida sin metal pesada se haría
Sin el negro la vida sería de un rosado de horror
La insurrección es nuestro punk de cada día
Sin rock, la vida es un errock.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

“Desde la ficción busco dar a conocer el conflicto mapuche”

Por Carlos Martínez.
Vicente Montecinos (21) es un realizador audiovisual que vio en el actual conflicto mapuche un espacio para recrear la historia épica de Lautaro, quien resurge como un policía que debe luchar contra su propio pueblo en el etno-triller de 25 minutos “Lautaro, 500 años en guerra”. Cortometraje que fue presentado en el 5º Festival de Cine Social y Antisocial, y que participó de la competencia “Talento Nacional” del Festival Internacional de Cine de Santiago (SANFIC6). Aquí este novel director nos cuenta como fue el trabajo de creación del cortometraje y el proceso de investigación que lo llevó a visitar a los presos políticos en El Manzano e incluso a ser considerado un “pendejo mandao por los ratis” por las organizaciones mapuches.

¿Por qué tratar el conflicto mapuche desde un relato de ficción?

El cortometraje busca ser otra forma de dar a conocer algo que está invisibilizado. Desde la ficción busco dar a conocer el conflicto mapuche, así se puede lograr que otro público –que no ve documentales- se acerque a la temática y tomé conciencia de lo que está pasando.

El público tiene más catarsis con la ficción y cuando ve un documental están más bien en una posición crítica. No podemos negar que estamos en una cultura del espectáculo y hablar del conflicto mapuche en este espacio es una buena oportunidad para llegar a un público que no tiene interés en conocer lo que está pasando. La idea es generar a través de la ficción un relato que sea coherente y que le permita al público manejar al menos algunas luces de lo que está pasando con las comunidades mapuches y con los mecanismos de represión del estado.

Pero es curioso lo que pasa con este cortometraje. La gente asume que es un documental y eso se debe a que el tratamiento visual es bastante real. Los personajes y los hechos que se narran en este corto están basados en hechos reales. Si analizamos las escenas nos podemos dar cuenta que la mayoría de los acontecimientos narrados le han sucedido a los comuneros o weichafes, como por ejemplo, los allanamientos, las técnicas de torturas que se han aplicado o la utilización de los testigos encubiertos, tal y como es relatado en el documental “Juicio a Pascual Pichún”.

¿Cómo lograste que los mapuches que aparecen en el cortometraje confiaran en el proyecto?

Fue difícil al principio. Fue un proceso largo, varios meses antes de la grabación empecé a iniciar las conversaciones y a medida que nos conocimos fuimos estrechando los vínculos. Traté de buscar a mapuches que participaran activamente, que estuvieran donde las papas queman. Grabé acá en Santiago en octubre de 2009, periodo en que el conflicto estaba bastante tenso: Los pacos habían asesinado a Jaime Mendoza Collío, se estaba reprimiendo constantemente en el sur y también se perseguía selectivamente a mapuches en Santiago. El temor de la gente con la que yo me estaba vinculando era que dentro de sus organizaciones existiera un “sapo”, alguien que tuviera el perfil de picao a mapuche o de simpatizante. Hubo una reunión en que se habló de este tema y durante la conversación se paró una ñaña (viejita) y dijo que adentro de la sala había un Yanacona ( traidor) y todas las personas se dieron vuelta a mirarme. Yo me quedé atónito, estaba muy nervioso, pero sabía que no era el momento de decir algo, porque mi compromiso tenía que ver con la constancia y con aunar fuerzas para sacar adelante el proyecto. Fue un proceso largo de vinculación, en las marchas me comprometía a llevar los lienzos, grababa la represión de los pacos en las protestas. Al final de cuentas tenía que mostrar que no era un pendejo mandao por los ratis.

¿Desde dónde iniciaste la investigación para el corto?

Revisar muchos documentales, asistir a conferencias y foros sobre el conflicto mapuche. Además fui a ver a los presos políticos en la cárcel del “Manzano” en Concepción. Era importante conocer a las fuentes directas, a los protagonistas de la lucha y de las injusticias del sistema judicial Chileno. Fue muy difícil lograr acercarme a ellos porque la paranoia se podía sentir y para ellos yo era un pendejo con parches y mohicano que les hablaba pestes del sistema carcelario y económico, les proponía ayudarme en el proyecto por que les iba a ser un aporte en su lucha... y eso les producía mucha desconfianza, ya que no tenían idea quien era yo, no tenia apellido mapuche y nunca me habían visto peleándola en una comunidad. Pero con el tiempo se dieron cuenta que mi trabajo era serio y que quería dar a conocer lo que está sucediendo.

Recuerdo que la primera vez que a los presos políticos estaban comiendo con sus familiares y yo les llevé frutas y libros. Me acerqué y les conté lo que estaba haciendo, pero me miraron con cara de sospecha y me dejaron sentarme en un rincón, era una situación extraña porque yo ponía oído a lo que decían y se notaba que cuando hablaban cosas delicadas lo hacían en mapudungun para que yo no me enterara. Creo que visitarlos fue enriquecedor, aportó mucho al cortometraje y contribuyó a que nadie pueda desacreditar la carga de verdad que posee este relato.

¿Cómo fue la elección de los actores?

Como ideal busco siempre personas que se desempeñen en un ámbito parecido al del personaje. No que actúen o simulen ser algo que no son. Mi desafío entonces estaba en el trabajo con los actores y lograr que ellos fueran lo más creíble posible. En el caso de Lautaro, creo que todos los mapuches que viven en la ciudad tienen algo de él y curiosamente al igual que el personaje principal, el actor que lo interpretó transita por el mundo de los “winkas” y de los mapuches. Él es un actor formado en el ARCIS y que, además, tiene simpatía con el movimiento mapuche.

¿Te costó mucho dirigir a personas que no tenían formación actoral?

Logré tener diferentes formas de relacionarme: con los actores pagados sucedía que ellos estaban trabajando para mí en ese momento. Con los actores mapuches, ellos actuaban por una convicción y ahí el trato era más horizontal. Los actores profesionales están acostumbrados a lidiar con directores de más edad, están más burocratizados, ya que todo funciona con dinero o sino no actúan y no tienen idea sobre la realidad de las comunidades, por eso tuve que interiorizarlos con el conflicto y que no creyeran que este era un trabajo para una nota simplemente. Este proyecto habla sobre personas que tienen su vida en juego. En el caso de los que representaban a los funcionarios públicos fue más fácil porque existe todo un consenso sobre este tipo de personajes, ya que históricamente las películas policiales o de thriller se han compuesto por seres oscuros de corbata. El desafío era darle cuerpo a los personajes mapuches porque no tenemos referentes del cine sobre ellos o si los hay, son meros personajes terciarios y desde una mirada muy externa, como si fueran bárbaros. Lo peor de todo, es que como el cine de masas construye realidades, siempre cuando se habla sobre “los indígenas” y generalmente sobre las minorías, se hace a través de la mirada externa que tienen los directores, muchas veces contribuyendo a la estigmatización y satanización de ellos.

Sinceramente las mediocres recreaciones de mapuches que hacen los canales de televisión y los directores que son incapaces de rozar el mundo real: me dan asco, sobretodo por que subliminalmente hacen creer al espectador de que “los mapuches son los indígenas de Chile”, ocultando que en verdad ellos están luchando y siempre han luchado por su independencia y soberanía como pueblo.

En cambio lo que hice yo fue totalmente distinto, ya que al ocupar a mapuches reales como personajes y constructores del guión, la legitimidad del corto es incuestionable. Aparte los mapuches en general tienen una afinidad con la oralidad, con el canto y la poesía así que no fue muy difícil guiarlos en la construcción de personajes. De hecho, son más virtuosos que muchos chilenos que conozco.

¿Cómo definirías tu película para el que quiere verla?

“Lautaro, 500 años en guerra”, es un violento y crudo cortometraje que apuñala y desnuda el centro del sistema político, judicial y represivo Chileno. Cuando la prensa oficial oculta y manipula la realidad del conflicto Mapuche, este cortometraje fisura y desgarra las mentiras impuestas sobre lo que ocurre allí.

Ve el trailer aquí:

martes, 31 de agosto de 2010

Isabel Parra: “Yo cantaba en los actos del colegio y mi mamá se sentaba sólo a mirarme”

Por Equipo Réplica.

El nuevo trabajo musical de Isabel Parra "Isabel canta a Violeta" es un disco doble compilatorio que comprende la suma no menor de veinticinco canciones de ella y de su madre, algunas inéditas y otras famosísimas. Isabel Parra nos cuenta de los recuerdos de su infancia y de cómo es el proceso de crear canciones. Hoy escribe una canción para Maradona, entre muchas otras.

Se ha hecho una enorme compilación de material en su último trabajo ¿Es la tarea más maratónica que ha emprendido en los últimos años?

Una de las más maratónicas sí. Y fue especial. De repente me encontré con esta idea que surgía de la vida misma, de ideas privadas. No son ideas que tengan que ver con el exterior o con una causa específica, son muchas reflexiones que surgen rápidamente. Y mucha emocionalidad con respecto a lo que yo ayudé a mi madre. Porque todavía tengo muchos recuerdos familiares, emocionales, sentimientos y algunas certezas. Aunque yo soy la primera en decir no hay que mirar para atrás, me paso mirando hacia atrás porque es inevitable. Primero porque he vivido mucho tiempo y además porque mientras uno se va volviendo vieja, va mirando más su pasado. El tiempo es inexorable y el trabajo también. Por eso quise armar este trabajo inspirado en Violeta y en mi vida misma.

Usted ha escrito más de 100 canciones desde sus inicios como cantautora, ¿cómo vienen esas ideas?

Vienen de repente. De hecho hace un rato le estaba haciendo una chacarera para Maradona. Imagínate, impensado. Pero la creación es así. A veces hay melodías que me persiguen. Hoy desperté con esa canción, me ha perseguido, fui al banco y me siguío persiguiendo, así es mi vida con la música. Por otro lado, en otros momentos, no hay música. Momentos de gestión cultural, de acelerar los procesos burocráticos, de organizar y producir, porque me he tenido que convertir en presidenta de una fundación, de la fundación Violeta Parra, en circunstancias que soy una pobre cantora popular.

¿Es muy ingrata la gestión?

Es que es nomás. No me puedo preguntar si me gusta o no me gusta. Es como o te metes en esto o vales callampa. Y, o lo resuelves bien, o te dedicas a otra cosa. Siempre me ha costado estar imaginando, proponiendo cosas, por supuesto, no es lo mío, lo mío es la música, pero tengo que salir adelante.

¿Y cuál es la recompensa en una carrera como la suya?

Lo que más me interesa es que cuando la gente escucha mis discos o se lo piratea, por último, lo hacen amorosamente, siempre a partir del cariño. Eso es mucho más rico. Lo otro, la gestión y los trámites, hay que hacerlo por la música chilena, por la cultura, por nuestro folclor, pero el contacto con la gente es lo más rico, lo que reconforta. Eso hace olvidar todo lo demás, los malos ratos, los problemas.

Pero hay un buen trabajo de gestión en esta compilación, por ejemplo.

Es que las canciones son lo mío. Yo he hecho más o menos 150 canciones, y para qué las voy a hacer si no las entrego. Ese es mi sino, mi suerte, lo que me tocó, el sino que tengo porque soy hija de la Violeta Parra, porque fue ella la que me parió y ella fue la que me dio las primeras herramientas. Entonces hay que trabajar en lo concreto, sacar esas canciones adelante, no sirve que me las guarde para mí.

¿Cuantos años tenía cuando cantó por primera vez?

Lo primero que me acuerdo es de un lugar del centro de Santiago, en donde yo tocaba como si fuera una actriz y una cantante consumada. “Aquí estoy yo y yo soy cantante” debo haber pensado, cantando canciones españolas. Supongo que mi mamá me decía que me aprendiera esa canción. No lo recuerdo. Pero incluso tengo una foto muy divertida. Es que lo hacía con una actitud tremenda y con suerte tenía cinco años. Una niña muy chica. Cuando miro esa foto, me da risa también, ¿cómo se puede ser tan patú’a desde tan chica? Y mi mamá me motivaba.

¿Cómo era la manera de su madre para motivarla?

Uy… no sé, dejándome ser, yo creo. Yo cantaba para la mamá de mi papá. Le hacía números, le bailaba, tenía una coreografía con una pollera de mucho ruedo que me hacía mi mamá y el final de la coreografía era que mi vestido quedaba abierto en el suelo y ahí venía el segundo marido de mi abuela y me pasaba una moneda. Después venían las fiestas en los colegios. Me acuerdo que cuando los profesores o los alumnos pensaban en alguien, siempre me llamaban a mí y así me convertía en una persona importante. Mi madre era como mi espectadora, iba a esas fiestas en los colegios sólo a mirarme a mí. Así también me motivaba.

Parece un mundo muy distinto…

Sí, todo era muy distinto. Eran escuelas públicas donde había mucha preocupación por la música, se celebraba la semana del niño y todos los días se conmemoraba algo. Yo lo pasaba muy bien en los colegios, me acuerdo que en los recreos andaba con un séquito de niñas que querían bailar conmigo. A lo mejor por eso mi madre me invitó a cantar estas canciones españolas más adelante, porque me veía con algo especial.

¿Y cómo se va profesionalizando ese don?


Eso pasó con el tiempo. Yo venía con esa mochila musical sin saberlo. Y de pronto llega un momento en que una empieza a tener sus propias ganas, sus propios criterios, se va desdibujando esta niña y aparece la artista, pero también de una manera natural. Porque nosotros no fuimos al conservatorio. El camino fue otro: el de hacer, el de subir al escenario, el de grabar, y viajar, metidos en un torbellino que no acabó nunca.

¿Violeta fue parte de ese torbellino?


Siempre. Nosotros con mi hermano teníamos una peña exitosa, y a mi mamá la invitábamos a la peña y ya teníamos un repertorio latinoamericano que a ella le gustaba mucho. Después fuimos a París. Estábamos en la cuna de la cultura latinoamericana. Esa fue nuestra fuente de conocimiento. De Santiago saltamos a la cuna de la cultura. Son momentos que no volverán tal vez. Era otra la esencia del ser humano. Aunque yo tengo fe, creo que la humanidad puede volver a esa manera de concebir el mundo, como en esa época cuando era tan fácil impregnarse de arte y de amor.

Ferngully o cómo el cine quiere volvernos ecológicos.

Por Gaby Wood.
 
La ecología, la naturaleza y sus derechos han sido temas muy presentes en estos días y en estas generaciones, quizás porque desde chicos nos han bombardeado con películas que nos muestran un mundo mejor.

Hace unos días  yo no sabía que existía un lugar en este país con hermosos paisajes y horrible nombre: Punta de Choros. Nunca he tenido la posibilidad de viajar mucho y, para qué mentir, siempre he sido pésima en geografía. Todo lo que sé del mundo y sus paisajes lo sé por libros, por series, por películas. La mayoría de nosotros hemos sido criados por la tele y por eso, mientras veía protestas y firmaba cuánto papel me pusieran para estar en contra de las termoeléctricas, me acordé de “Ferngully, el último bosque lluvioso”, película de mi tierna infancia.

En un momento de esa película, Zack marcaba árboles para cortar con una súper máquina, cuando por esas cosas que pasan en las películas, entra al mundo de las hadas y conoce a Crysta, un hada que le muestra el maravilloso mundo que oculta el bosque y lo convence de que lo que está haciendo está muy, muy mal.

No contaré el final, aunque obvio que se puede adivinar y, probablemente, la mayoría de los que lean esto ya la vieron millones de veces en TVN cuando chicos.

Creo que a los poderosos que manejan el mundo ahora les hicieron falta estas pelis. O quizás las olvidaron, porque, como dijo el Principito, los adultos olvidan que fueron niños. “Ferngully” no es la mejor película del mundo, no tiene los mega efectos de “Avatar” (la “neo ecologista”), pero caló hondo en mi mente.

Nunca más pude mirar un árbol con los mismos ojos. Nunca más pude aplastar un insecto, porque sé que aunque Ferngully no es real, detrás de cada árbol y cada insecto hay una naturaleza que los creó para algo. Yo todavía no puedo creer que los humanos seamos tan, pero tan mala raza. Y no me refiero sólo a los grandes empresarios con poder para comprar hectáreas y hacer con ellas lo que les dé la gana. Ellos sólo son una amplificación de lo que somos los más comunes, esos que botan basura al suelo, esos que malgastan la luz, el agua, que no reciclan, que abandonan a sus mascotas, que ahogan gatitos, que maltratan por diversión.

Todos somos culpables, aunque no instalemos termoeléctricas en el norte o represas en el sur. Lo importante ( y acá está un poco el positivismo) es que hay un puñado de humanos que entienden el mensaje, que reciclan, que aman mascotas, que respetan cada centímetro de la naturaleza, porque este mundo es el único que tenemos y hay que cuidarlo, aunque eso signifique que ciertas personas no tengan luz para abastecer ciertas minas desde donde se extraen ciertos minerales que engruesan los bolsillos de las mismas ciertas personas que después se arrancan cuando esa mina decide que no quiere más y toma a 33 personas de rehenes para que se le respete y la dejen en paz.

Siempre habrá termoeléctricas que prohibir en Chile y el mundo. Siempre habremos Zacks y Crystas dispuestos a pelear por nuestro planeta para permitir que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos conozcan cómo eran nuestros paisajes por sus propios ojos y no por fotos que alguien haya metido en la Cápsula del Bicentenario.